Cuando ví a mi hija Loreto el otro día en la fila para salir del cole, sólo con verle la cara, ya sabía que algo no iba bien…se acercó a mí con cara de pocos amigos y al preguntarle me contó que “ze había esho daño en la cadera”. Y yo claro, le miré, un lado y otro. Intactas. Fruncí el ceño. “No tienes nada hija”…”que no mama!! en la cadera!!”…se estaba impacientando, y eso...

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