Hay cosas que no cambian nunca. El verano siempre llega en junio. Mis vacaciones en agosto. Y la angustia de las maletas comienza a aparecer ya en julio. Recuerdo los años dorados de mi juventud en los que hacer las maletas era un momento casi de culto, disfrutaba muchísimo combinando en mi cabeza mis trapitos, colocándolos con esmero en mi preciosa maletita de diseño. Es una de las cosas que se acaban cuando eres mamá. Yo ya no meto...

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